La educación emocional en el marco de las políticas de juventud

¿Volamos el cambio en el mundo?
¿Creemos que es posible?
¿Queremos creerlo?
Pues hace falta que comprendamos que es necesario implicar a todos los agentes educativos, en sus propios procesos internos para que transmitan lo mismo ante los adolescentes.

EDUCACIÓN EMOCIONAL. En el marco de políticas de juventud

Educación emocional es conciencia sobre uno mismo, gestión de los procesos internos antes de que pasen a ser externos, y entrenamiento de habilidades sociales, de autonomía y de la capacidad de generar bienestar en un mismo y en el entorno. Es aplicar este conocimiento para tomar decisiones en la vida.

Pensar y actuar sintiendo, es pensar y actuar con sentido.

Desde el GROP (Grupo de Investigación y Orientación Pedagógica) de la UB (Universitat de Barcelona), a través de Rafael Bisquerra y Nuria Pérez, y el resto de profesionales relacionados con ellos, se está promoviendo la educación emocional y en los últimos años han trabajado en marco teórico y recursos.

Podemos coger como ejemplo el desarrollo sobre las competencias emocionales. Conciencia emocional, regulación emocional, autonomía emocional, competencias sociales y competencia de Vida y bienestar.

Desde SEER se cree en la Educación Emocional como el medio, y también como contenido para la mejora de la educación que impartimos a niños/as y jóvenes. Y como base para afrontar los grandes factores de riesgo en infancia y adolescencia. Y trabajamos estas competencias a través de tres conceptos claves (Conciencia emocional, Elección Personal y Responsabilidad Individual), con recursos específicos, y con las preguntas correspondientes.

Cuando trabajamos en casos de acoso, en prevención de violencia de género en adolescentes, o en agresiones por racismo, homofobia o simplemente en temas de convivencia, prácticamente siempre podemos llegar al mismo origen. Carencia de conciencia y gestión emocional. Falta de empatía. Y en el caso de las víctimas falta autonomía emocional (autoestima etc.)

En cuanto a consumos, en muchos casos hay detrás una carencia también de gestión emocional que se pretende sustituir (o eliminar la necesidad) con las sustancias que se toman. La sociedad, la educación actual, no nos enseña a resolver nuestros conflictos en nuestro interior, y lo intentamos resolver al exterior.

En los últimos años ha mejorado mucho la información sobre este trabajo interno y ya se ha acercado a la educación formal. Cada vez más profesores/se ven la necesidad de aplicar recursos diferentes a los habituales, a pesar de que todavía no han visto realmente que significa educar emocionalmente, ya les atrae la idea. Pero, bajo nuestro parecer, lo que ahora hay que acercar es el conocimiento sobre el “¿Como?”. Y no nos referimos a el “Cómo” implantar un proyecto, sino lo “Cómo” cualquier profesional de la educación puede aplicar herramientas emocionales a su aula, o espacio educativo.

Es cierto que el éxito total de esta aplicación pasa por el propio trabajo emocional de cada persona, pero tenemos que conseguir hacer accesibles unos mínimos tanto de este proceso como de la transmisión al niño/a y al joven.

Cada vez que vayamos a una aula, o a un espacio de madres y padres, o a una formación de docentes, percibimos la necesidad en aumento de interiorizar, de profundizar, y de entender la vida dándole un peso más importante a las emociones. Pero todavía estamos en el proceso de aprender a hacerlo, atrevernos y mantener una cierta constancia. Este es uno de los cambios posibles para nuestra evolución.

La sociedad en general, pero el adolescente en particular está situado en la Reactividad, es decir reacción y más reacción. Reaccionamos a todo con unos parámetros establecidos desde nuestra infancia, con decisiones tomadas, muchas veces desde el dolor no gestionado, y con automatismos a los que ya ni cuestionamos, que se basan en la defensa del que consideramos nuestra identidad, propiedad o territorio. El objetivo en este sistema es luchar, competir por todo, y con todo el mundo. ¿Actuamos con libertad entonces? ¿Controlamos nuestros pensamientos, o nuestros pensamientos nos controlan? ¿Gestionamos nuestras emociones o ellas nos desbordan? ¿Y dominamos nuestros impulsos y reacciones, o nos dejamos llevar por ellos?

El cambio viene dado por pasar a la Responsabilidad. Si analizamos esta palabra ya nos da la clave. “Habilidad de Responder”, sin reaccionar. Dando la respuesta que queremos, que nos beneficia, la que genera bienestar para nosotros y para nuestro entorno. El objetivo con estos sistemas es estar bien, e intentar que el otro también lo esté.

Por eso el camino es darnos cuenta de cómo actuamos, como pensamos y como nos hacen sentir estas acciones y pensamientos. ¿Qué significa estar bien? ¿Lo sabemos realmente? ¿Somos capaces de tomar decisiones para generarnos este bienestar? ¿Queremos estar bien? Incluso, si hace falta, por encima de intereses materiales, de tener razón, de ganar una disputa?

¿Queremos estar bien, o queremos ganar o perder continuamente? ¿Cuál es nuestro objetivo?

Todos los agentes educativos tenemos que incorporar preguntas como estas a nuestro discurso. Hace unos años utilizábamos pedagogía de la respuesta, la educación moderna defiende la pedagogía de la pregunta, y la educación emocional va más allá y promueve la pedagogía de la autopregunta. Es decir conseguir que el/la joven interioricen las preguntas para ganar en autonomía y en la propia capacidad de conciencia y elección.

Hace falta que comprendamos que es necesario implicar a todos los agentes educativos en un cambio, en sus propios procesos internos que transmitan lo mismo ante nuestros adolescentes. Si queremos el cambio en el mundo, cada cual de nosotros tenemos que osar a cambiar, «Nuestro Mundo». Este cambio es pasar del sistema reactivo en el que vivimos a un sistema responsable, y el camino es la formación en nosotros mismos, en las nuestras emociones.

Departamento de Juventud de la Generalidad de Cataluña

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